lunes, 27 de noviembre de 2006

Matriz Biológica de la Existencia Humana



Biólogo, autor de varios libros que han revolucionado el pensamiento científico en la biología, la cibernética, el lenguaje y la psicología, con su teoría de autopoiésis (sistemas autoorganizados, autoreferentes y auto construidos) y la teoría biológica del conocimiento. Premio Nacional de Ciencias 1994-Chile. Doctorado en Harvard y en Inglaterra. Autor de varios libros, entre ellos: “El Árbol del Conocimiento”, “De máquinas y seres vivos”. A través de su propuesta “Matriz Biológica de la Existencia Humana”, considera a la humanidad desde la perspectiva concebida por el entendimiento de la biología del conocer y la biología del amar.
La profesora Dávila estudió Orientación en Relaciones Humanas y Familia con mención en Relaciones Laborales en el IPCC. Desde su quehacer profesional ha creado el campo de la comprensión del dolor y sufrimiento relacional como fenómenos humanos cuyo origen es cultural, de esta cultura patriarcal-matriarcal, que conservamos, generamos y realizamos en el vivir cotidiano de manera conciente o inconciente. De la misma manera ha contribuido a profundizar el entendimiento de los fundamentos biológico culturales de lo humano a través de la práctica de las conversaciones liberadoras. Desde entonces numerosas personas en forma individual, parejas, familia y organizaciones han compartido con ella procesos de formación y de liberación del dolor relacional.

Reflexionemos seriamente: ¿Qué estamos haciendo? y ¿cómo lo estamos haciendo? y ¿quiénes lo están haciendo? Al reflexionar podemos darnos cuenta de que estamos inmersos en un modo de hacer las cosas en esta cultura patriarcal-matriarcal que se genera desde la desconfianza y el control. Es desde este trasfondo emocional desde donde surge la falta de respeto por uno mismo, por el otro y por la otra. El control es la dinámica relacional desde donde uno mismo y el otro surgen negados en sus capacidades y talentos, estrechando la mirada, la inteligencia y la creatividad, generando dependencia desde donde no son posibles la autonomía y el respeto por sí mismo.
Desde este espacio de dependencia los niños, niñas, y jóvenes no tienen presencia, desaparecen. En esta cultura ejercemos el control con la sanción y el castigo físico y psíquico: “la letra con sangre entra”, viejo dicho patriarcal-matriarcal que aún se aplica en la acción y en el pensamiento. Sancionar y castigar, castigar y sancionar, y se instala la violencia y por lo tanto el desamar. ¿Cómo escapan algunos niños, niñas, jóvenes a tanto desamar? ¿Es acaso el control la manera de generar espacios de sana convivencia abiertos a la creación y a la reflexión? Los profesores, padres, apoderados y todos los partícipes en el proceso educativo, con compromiso o sin compromiso en él, han perdido la confianza de que se pueda generar un espacio relacional diferente desde donde surja un hacer responsable y ético en el mutuo respeto de la colaboración. Desde este espacio de desesperanza la responsabilidad por la tarea educativa es pasada de unos a otros, sin que realmente nadie se haga cargo.
Todas las personas adultas que se respetan a sí mismas y vive n su vivir desde la autonomía con conciencia social y ética, debiéramos tener conciencia de que somos parte de la continua generación del mundo y cosmos que vivimos.